En 8 Bits, un viaje a la infancia

Super Mario Bros, 1986

Cuál es tu videojuego favorito?

Fue la primera pregunta de mi hermano pequeño la última vez que lo vi; y me hizo pensar en cuantos juegos he jugado. Pero antes de poder responderle, él mismo se respondió diciendo que FIFA, y continuó preguntándome cosas y dándose la respuesta. Hasta que me dijo: “y a qué jugabas cuando niño”; esto, como es lógico me hizo rememorar las tardes jugando al taco, la primera pelota de trapo (que aún conservo en mi armario) y los balones de fútbol que parecían me iban a dejar sin pie el día menos pensado; pero mas que eso me llevó hasta mi primera consola, y lo que significaron esos primeros juegos en 8 bits.

Nací en 1996, mucho antes de la batalla entre Sony y Microsoft por las consolas de sobremesa y aunque los 90 ya habían avanzado el periodo especial seguía allí. Mi primer recuerdo de un videojuego tiene a mi familia entera sentada mirando a mis padres jugar al Mario Bros en la NES de mi padre y el segundo, a mi siendo superado por mi papá unos días mas tarde.

Como todo niño necesitaba juguetes, y heredé esa misma NES de 1986 unos años mas tarde; bajo la premisa que el Duck Hunt era solo una vez al día porque podía romper la tele y no había más. La vida se había convertido en pasar horas tratando de sortear obstáculos y liberar a una princesa que se volvía cada vez mas difícil de encontrar (vaya que se mudaba de castillo con el Bowser … ahora que lo pienso mejor, es posible que él fuera agente de bienes raíces o que ella no quisiera ser rescatada). Mi imaginación explotaba esos 8 bits y me llevaba mas allá de la pantalla; a ser el héroe en un mundo donde no había mas problemas que buscar la bandera al final de cada nivel.

Al cabo de un tiempo mi papá apareció un día con una nueva consola, la llamó “Family”. Según lo que decían los nuevos casetes tenía millones de juegos para explorar. En ella, con un poco mas de detalle fui un guerrillero luchando contra robots en una jungla, manejé tanques contra mis amigos, fui a unas olimpiadas en 2D, aprendi de fútbol con Oliver y Benji; y entendí que el hockey era el mejor deporte de pelea. Y que sorpresa, el bigotudo y la princesa elusiva también estaban allí; recorrí de nuevo el reino champiñón mas veces de las que puedo contar. Hasta que un día por azares de la vida el Family no volvió a encender.

De otras partes conocí que habían juegos nuevos y mejores consolas pero, no eran para mi; a veces rentaba una que llamaban Sega (la única Dreamcast del barrio) a cinco pesos por media hora; pero mi mamá no podía con eso todos los días, ni todas las semanas, era así. Pero con esa media hora fui Spiderman por primera vez, y con un Nintendo 64 prestado retaba a los miembros de la familia a un PvP en el GoldenEye, y aunque mis amigos hablaban ya de la Play 1; yo era feliz con saber que todos los domingos iba a tener a mi familia conmigo jugando al Mario Kart 64.

Hasta que llegó a mis manos un Game Boy, gracias eternas a mi tío. Imaginen, podía moverme y jugar en todas partes, la calidad gráfica era superior; y cada día después de clases, y hasta que las pilas duraran, me encontraba con Mario; nuevamente montado en su kart y tratando de superar cada pista. Gracias al GameBoy hice mis primeros amigos; compartí Pokémons como Ash, conocí lugares nuevos y descubrí que la ciudad deportiva no era solo para los deportes convencionales.

Volvió a pasar el tiempo y crecí e intentaba darle calor a mi NES de vez en mes pero muchas veces no tenía los cinco minutos para ello. Y aunque pudiera jugar todo el Duck Hunt que quisiera, e intentar asesinar al perro mas odiado de todos los juegos; la tele nueva no dejaba que la pistola funcionase. Pero tenía la PC, que aunque era “solo para trabajar”, a veces la usaba durante unos minutos para perderme de nuevo en ese mundo donde todo está bien.

Y como pasa cuando vas creciendo, el tiempo vuela a tu alrededor, hoy miro como existen cosas que jamás soñé; juego PUBG en un móvil que maneja gráficos a una calidad que nunca imaginé ver y tiene más potencia que mi primera PC. Al final mi computadora actual sí se usa para trabajar (esto es lo más sorprendente); pero aun están esos instantes donde me escapo del mundo y me pierdo en una pantalla, ya sea con el FarCryMinecraft o FIFA, y sin importar la calidad de la imagen; miro a mi armario, donde está guardada la NES, y vuelvo a ser ese niño que soñaba en 8 bits.

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