¿Qué juegos de mesa me resulta mejor comprar?

Detengámonos 5 minutos a pensar en lo oportuno que sería entender con claridad qué es lo que necesitamos comprar, y si realmente lo necesitamos. Aunque este análisis que propongo será aplicable a casi cualquier producto, quiero enfocarlo a mi campo: los juegos de mesa.

El sector de los juegos de mesa en el mundo entero es un renglón relativamente caro. Me atrevería a decir que para la mayoría, los juegos de mesa son una inversión difícil de asumir. Por esto es que nos viene bien poder agarrarnos de buenos argumentos para saber que juego nos resultará más atractivo, si es que estamos dispuesto a comprar uno.

Yo personalmente tengo mi manera de ver el asunto, a partir de los pocos juegos que he llegado a comprar (la mayoría me los he fabricado yo mismo a golpe de conseguir las versiones PnP), y me gustaría compartir ese criterio para que cada cual sea capaz de comprar juegos de mesa sin miedo a estar malgastando su dinero.

Lo primero es usar el menos común de los sentidos: el sentido común

Las descripciones de los juegos contienen toda la información que necesitamos para saber si será una buena compra o no, solo tenemos que analizar esos datos que nos brindan y discriminar lo que nos interesa de lo que no.

En mi caso particular vivo con mi pareja y mis padres que son completamente ateos a los juegos, aunque también, de vez en vez, convoco a mi pandilla de amigos y jugamos toda la tarde en casa.

A partir de esto, discriminaría todo aquello que no permita partidas entre 2 jugadores como el Secret Voldemort o Pictionary, solo por poner ejemplos. De este modo garantizo tener un juego que pueda jugar con mi pareja en cualquier momento, y que me funcione también cuando logro reunir a más personas.

De igual forma, asumiendo otro caso hipotético, yo pudiera ser una persona no tan asidua a los juegos de mesa y preferir los juegos solo en compañía de varios amigos en fiestas caseras o actividades de este tipo.

Cantidad de jugadores

En este caso buscaría algo que me permitiera una gran capacidad de jugadores, de forma que nadie se nos quede fuera, y con un sistema de reglas simples que pueda explicar en un par de minutos sin comprometer a los jugadores novel.

Y como estos casos que he mencionado, pudieran aparecer disímiles cualidades en las personas que hagan que un juego sea factible para unos y para otros no, o no tanto.

Conozco grupos de amigos que un juego de gestión de cartas de corta duración y muy dinámico se les quedaría corto, porque prefieren juegos más sofisticados que impliquen un pensamiento profundo; a otros no les importa tanto la mecánica compleja del juego, si no, más bien, buscan algo que les sirva de pretexto para reunir a sus amigos a tomarse unos tragos y pasar un buen rato sin necesidad de romperse el coco durante horas elaborando una estrategia de juego; otros que buscan un medio para poder compartir con sus hijos, divertirse y desarrollar habilidades intelectuales en los niños, y así se pudieran presentar cientos de casos particulares.

En fin, que lo primero es conocernos a nosotros mismos como público, sacando rasgos distintivos en función a las necesidades. Lo más probable es que algún fabricante haya pensado en un producto para personas con estas mismas características y preferencias.

Quiero terminar en este punto con algunas de las preguntas que yo mismo me hago para ayudarme a entender qué juego estoy buscando.

¿Con cuántas personas espero poder jugar este juego? ¿Quiero usarlo para jugar en familia o para juegos en fiestas con amigos? ¿Qué tan sofisticado me gustaría que fuese el juego? ¿De las personas que espero que jueguen al juego, cuál es el menor rango de edad? ¿Quiero juego en equipos o de forma individual? ¿Qué temática pudiera ser interesante para jugar con las personas que jugaría?…

Debemos aprender a no aferrarnos

Teniendo en cuenta lo particular que puede ser las necesidades de una persona, lo segundo más importante creo que viene siendo no aferrarnos o “casarnos” con lo que conocemos.

Me sucede mucho que me contactan personas preguntando si fabricamos “Monopoly de tablero” o “Deuda Eterna”(de este último tengo un artículo pendiente por ahí 😉) y es entonces cuando tengo que decirles que no y, sin poder apelar, cuelgan la llamada.

¿Qué sucede con esto? esa persona viene condicionada por los juegos que conoce, o han escuchado mencionar a otras personas. Quienes me conocen bien saben que considero firmemente que ninguno de esos dos juegos son “dignos” de estar en el catálogo de Brisca, y si realmente fueran los suficientemente bueno como muchos creen, hace mucho tiempo que los estuviésemos produciendo.

Monopoly no es un gran referente

Pero realmente es de nuestro interés crear en nuestros clientes un gusto refinado por los juegos realmente buenos. Conozco juegos de los que no se han vendido ni el 1% de lo que ha vendido el tal “Monopoly” y son (sin temor a exagerar) 100 veces mejor que este. Habrá quienes estén de acuerdo conmigo porque ya han probado esos juegos de los que hablo, y otros que no estarán tan de acuerdo porque se aferran a que si es un juego tan vendido debe ser de los mejores, cuando ni siquiera han saboreado otras experiencias.

Y bueno, no puedo dejar de mencionar a quienes se aferran a la recomendación de un amigo y terminan comprando algo que no le logran sacar provecho. Por ejemplo, conozco a quien se ha armado de valor y se ha comprado un Juego de Tronos, el Juego de Tablero, solo porque ha visto que una amistad “tiene tremendo vicio y lo juega todas las semanas”, y a la larga lo utiliza 2 o 3 veces para comprobar que es un juego demasiado complejo para su gusto y termina decepcionándose del producto y engavetándolo de por vida.

Por eso es que resulta importante conocerse a uno mismo y escuchar las recomendaciones, pero también se debe saber tomar las decisiones de forma premeditada y no basada en impulsos.

Finalmente, la relación costo-beneficio

No por ser el último de los argumentos que planteo creo que sea el menos importante. De hecho, si lo he dejado de último es porque guarda estrecha relación con el saber usar el sentido común para escoger un producto y con el hecho de no aferrarse.

Si ya sabemos identificar nuestras necesidades, podemos discriminar cuales son los juegos que responden a ellas y estamos dispuestos a no a predisponernos, lo siguiente es saber sacar bien “la cuenta” del costo-beneficio de un juego.

Hace unos días un amigo me iluminó con un método bastante sencillo para saber si me era factible comprar un juego u otro (de hecho, me hizo cuestionarme “¡cómo no se me había ocurrido antes!”). Consiste sencillamente en dividir el precio del juego entre la cantidad de veces que espero poder utilizarlo, o la cantidad de horas de ocio que me podrá ofrecer.

Para explicarlo mejor pongamos un ejemplo: supongamos que tenemos 2 juegos que ya hayamos filtrado y se corresponden con lo que buscamos. Son juegos sencillos de aprender a jugar y queremos usarlo en nuestras fiestas en casa con amigos. Las diferencias son: uno de ellos cuesta $ 10.00 y permite partidas de 15 min; y el otro cuesta $ 20.00 y permite partidas de 30 min. Asumamos que ambos son igual de entretenidos y originales.

Para entendernos mejor

Ahora es cuando asumimos cuantas veces utilizaríamos cada juego. El que cuesta $ 10.00 lo voy a poder jugar con mayor frecuencia porque las partidas son más cortas y en un día puede que lo utilicemos 4 veces (por seguir asumiendo datos).

Siguiendo esta lógica, supongamos que nos hartamos del juego después de jugarlo 40 veces, para lo que se requerirá que, hipotéticamente, nos reunamos 10 veces a jugar con él (4 partidas por cada vez que nos reunimos).

Por otra parte, el juego de $20.00, si seguimos asumiendo que nos hartaremos de él después de jugarlo 40 veces, nos va a permitir utilizarlo durante 20 reuniones con los amigos (2 partidas por cada vez que nos reunimos).

En ambos casos el costo por jornada de juego viene a ser $1.00 (precio del juego dividido por la cantidad de veces que nos reunimos a jugar), solo que en el caso del juego de $10.00 lo podré jugar 10 veces con mis amigos y el de $20.00 lo podré jugar 20 veces; por lo tanto, opto por comprar el juego de $20.00 que responde a mis necesidades, es una inversión mayor, pero podré sacarle mayor provecho en el tiempo.

Esquema que ayuda a explicar el ejemplo planteado

Esto, por supuesto, es una cuenta sacada “en frío” suponiendo parámetros fijos que en la realidad no son así exactamente, pero nos permite una aproximación a saber que resulta mas provechoso. De igual forma existen juegos económicos que me resultan mucho más atractivos que juegos más grandes aunque estos prometan más horas de juego. Y es cuando volvemos a mencionar que unos juegos se ajustan mejor a nuestras necesidades que otros.

De modo que es un proceso de análisis cíclico que podemos detenernos a analizar en unos minutos, o podemos dedicar más tiempo para pensar si realmente se corresponde con nuestras necesidades.

De hecho, estoy seguro que muchas personas han de aplicar este método aunque sea de forma inconsciente.

Una última cosa…

Aficcionado a los juegos de mesa al fin y al cabo, me he tomado, en otro momento, la molestia de sacar cuenta de lo que me cuestan diferentes tipos de entretenimiento.

Supongamos los gastos para una quedada con amigos en casa a jugar juegos de mesa y compartir durante la noche. En este caso invierto en comprar el juego de mesa, en comprar unas “croqueticas” y algo de bebida para pasar el rato y todo eso termina costándome $40.00 (por ejemplo). En ese caso yo asumo todos los gastos de todos los invitados y conservo el juego para poder utilizarlo en otra ocasión, o sea, que es un gasto menos para otro momento.

Ahora lo comparamos con una salida a bares y clubes nocturnos también a compartir con amistades. En este caso los gastos son en transporte de ida y de regreso, en bebida y en lo que “aparezca” de por medio. Creo que es justo asumir que la cantidad terminaría siendo aproximadamente lo mismo, o sea $40.00 la salida. Sin embargo en este caso yo no he asumido los costos de todos mis amigos, ni me quedo con nada que pueda utilizar para una próxima ocasión.

Claro, tampoco creo que sea justo plantear que una cosa sea mejor y más factible que la otra porque se trata de formas de entretenimiento y recreación diferente. Solo brindo una perspectiva desde la cual quizás no muchos se hayan percatado y que puede terminar siendo mejor aprovechada por algunas personas.

Para cerrar ya el tema, quisiera añadir que todas estas ideas son el resultado de mucho valorar la opción de los juegos de mesa como un vía para el entretenimiento para mi consumo personal y no pretendo imponer una forma de pensar. Espero haber aportado con estos argumentos y que puedan hacer buen uso de ellos.

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